La etapa resulta bastante exigente en algunos tramos, como la subida a la certosa de Trisulti, pero relativamente fácil en los que discurren sobre el asfalto, aunque sean de fuerte bajada.
Etapa 13: Collepardo - Casamari | Al Loro
Poco antes de Vernieri hay una trattoria, y en Santa Maria Amaseno un restaurante. Santa Francesca, 7 km antes de Casamari, cuenta con un par de tiendas de alimentación y bares. En Aia le Monache hay un café. | |
Por fortuna las fuentes abundan, tanto en el acceso a Trisulti como en la propia cartuja, y también en Civita, Vernieri o Santa Francesca. | |
La Iglesia católica es quien proporciona alojamiento a los peregrinos tanto en Santa Francesca, con un albergue parroquial de donativo, como por parte de los cistercienses en la abadía o las monjas de la misma orden en su residencia de Casamari, en este caso por una módica cantidad. | |
Los bosques caducifolios del Apennino, que nos ha acompañado desde el comienzo del Camino, siguen estando presentes en las grandes masas que se interponen, en los montes Ernici, entre Collepardo y el Valle Amaseno. | |
Las señales de la Vía Benedicta, una B sobre fondo rojo, se suman a la de San Benedetto. Todo queda en casa. | |
De Collepardo a Trisulti el camino es inviable para los ciclistas, sobre todo en el sector de la subida, muy empinada, larga y pedregosa. Se propone como alternativa una sinuosa carreterilla local. Otro pequeño sector resulta muy complicado en la aproximación a Civita, siendo necesario recurrir a la SP 224. Y otro tanto cabe señalar, por discurrir la ruta por sendas a través del bosque con peligrosa inclinación lateral, entre Civita y Vernieri. Las sendas emboscadas junto al río, entre Santa Francesca y Gaude, llenas de toboganes resbaladizos, piedras, charcos y raíces, pueden ser evitadas con pistas locales alternativas. | |
Santuario Madonna delle Cese. Justo antes de llegar a la cartuja, queda señalizada a la derecha la bajada a este curioso santuario rupestre (1,2 km). Quien se encuentre con fuerzas podrá descender al eremitorio, documentado desde el s. XIII, que se encaja en una cavidad o gruta de la montaña. Su origen se atribuye a la pintura realizada en la cueva por un ermitaño del s. VI. | |
|
No os perdáis el sello de la cartuja. | |
|
Es uno de los monumentos más interesantes de la ruta. Data del s. XIII y fue ampliada a lo largo del tiempo, datando gran parte de su estructura del s. XVIII. Nos sorprenden su botica, con colección de tarros y pinturas de estilo pompeyano, los jardines, la iglesia gótica renovada en el Barroco, el claustro y las restantes dependencias. La cartuja fue abandonada, pero ha sido rehabilitada y puede ser visitada a diario en horario de 10:00 a 13:30 y de 14:30 a 18:00, en temporada baja de forma continuada entre las 10:00 y las 16:00. | |
Hemos de tener prudencia al circular por el tramo de la SP 224, con bastantes curvas y en bajada, entre Vernieri y Santa Maria Amaseno. | |
El camino posterior a Santa Francesca puede ser complicado si llueve fuerte, ya que discurre al borde de un torrente que se cruza varias veces por puentes y vados. En caso de estar inundado se aconseja seguir la carretera por Case Ricci hasta Ciamè, que es la variante de ciclistas. | |
Peligroso de verdad resultan los 2 km entre Aia le Monache y Casamari. Se trata de una carretera con largas rectas, sin arcén y con bastante tráfico, una pesadilla interminable que no encaja en la filosofía de este Camino, por lo que urge buscar una solución. Un punto negro de libro. | |
|
Os alojéis o no en la abadía, en la portería os estamparán el bonito sello de la casa. | |
|
Aquí, en el municipio romano de Ceres, nació el general romano Caio Mario (157-86 a.C) que acabó dando nombre al lugar (Casa de Mario). Siete veces cónsul de la República, fue enemigo de Sila durante la Guerra Civil y acabó conquistando Roma y ejerciendo el terror. | |
|
Si la cartuja nos sedujo, la Abadía de Casamari, con su comunidad bernarda masculina, se presenta como un edificio medieval, en los albores del gótico, de primer orden. Levantado a comienzos del s. XIII, su iglesia de tres naves, el claustro, la sala capitular o el refectorio nos evocan, por su pureza de líneas, los grandes monasterios franceses del Císter. |