Etapa 14: Casamari - Arpino | Al Loro

Distancia: 
21,1 km
Desnivel: 
422 m
245 m
Duración: 
5 h
Dificultad: 
2
Paisaje: 
2

En varios tramos, auténticos puntos negros, tendremos que convivir con el tráfico: el peor, entre Castelliri e Isola; tampoco resultan nada atractivos la aproximación a la abadía de San Domenico o el paso por Carnello, pero al menos cuentan con aceras.

En un sector tan urbanizado, sobre todo hasta Isola del Liri, disponemos de numerosas tiendas y servicios de restauración.

Quien esté muy cansado, o quien prefiera llegar antes a la meta que sumar una abadía del Medievo y un recorrido fluvial a su mochila, en Isola del Liri podrá directamente cruzar el río y, pasando junto al estadio y la Madonna di Nazareth (oratorio rupestre), alcanzar el lugar de Vallefredda con su iglesia de Loreto. Poco después se cruzan la vía del tren, y la SP 92, para cuesta arriba enlazar con la ruta mayor en el cruce de Abate. Esta alternativa no aporta gran cosa al peregrino, pero es cierto que se ahorran 5,3 km.

Los corredores arbolados que acompañan los ríos Liri y Fibreno constituyen un oasis lineal en medio de un territorio sumamente humanizado. En el segundo se sitúa, junto al Camino, el Monumento Natural Lungofibreno-Tremoletto, un humedal protegido desde 2018.

Todo el trayecto es ciclable, y se recomienda hacer la variante larga, e incluso unir esta etapa con la anterior, o con la siguiente. El único problema será el tráfico motorizado, por momentos bastante intenso.

Antes de llegar a Castelliri, junto al Camino se localiza Casa Violino, que es la morada de Valeria. Basta decir que es uno de los lugares más hospitalarios del Camino.

Es aconsejable desviarse 200 m hasta el centro, que se localiza en una pequeña elevación con el parque Principe di Piamonte, panorámico sobre el valle, y la iglesia neogótica de Santa Croce. En esta zona hay un par de bares.

Por el título podría parecer que estamos ante un convento dominico, pero el edificio, que se alzó sobre la villa romana de Cicerón, es una fundación cisterciense del siglo XI. De estilo románico y pureza de líneas, el templo posee tres naves y cripta, en la que reposa San Domenico di Sora (951-1031), primer abad de la casa. Reparad en las bellas puertas de bronce, obra de Alessandro Romano (2009), y en el Vía Crucis de terracota ¡3D! Su iglesia, declarada basílica menor, permanece abierta a diario de 9:00 a 19:00.

SOBRE ISOLA DEL LIRI:

El deseo de ver la Cascata Grande de Isola hace que muchos se pasen el desvío, señalizado antes del río y a la izquierda por Via Valcatoio. Nuestro consejo es que demos un paseo por el centro y disfrutemos de la cascada, pero luego será preciso volver sobre nuestros pasos por los dos puentes que comunican la “isla”, siendo posible enlazar con el Camino a través del parque fluvial Giustiniano Nicolucci.

Un consejo para contemplar de cerca la Cascata Grande: entrar en la Galleria Eustachio Pisani, de acceso libre a sus exposiciones, hasta el balcón de su cara norte.

Los restaurantes y bares de la Via Cascata, panorámicos sobre la Cascata Grande, son una tentación con sus terrazas; recomendable la Pizzería Don Antò.

Aunque el principal atractivo de la localidad es su Cascata Grande, que constituye un espectáculo al situarse en pleno centro urbano con sus 27 m de altura, también se pueden conocer la cascada del Valcatoio, los paseos y parques fluviales del Liri, la colegiata de San Lorenzo o el castello Bonconpagni Viscoiosi.

Es una ciudad musical, hermanada nada menos que con New Orleans, en la que desde 1988 se celebra un renombrado Festival de Blues a principios de julio.

SOBRE ARPINO:

Es una localidad bastante turística, por lo que en fines de semana o puentes puede haber problemas para encontrar un alojamiento de precio peregrino. Las benedictinas de Sant’Andrea pueden ser nuestra salvación.

Dos locales próximos con encanto, para probar los mejores vinos de la región acompañados de aperitivos: La Bottega dei Buongustai (Corso Tulliano, 73) y Sottosopra (Via Lucio Fadio, 12). Sus precios, en consonancia con la calidad.

Prerromano y romano. En el quartiere Civitavecchia, que se cruzará en la siguiente etapa, se localiza una puerta megalítica (s. IV a.C.) de aspecto micénico. En cuanto al centro de la ciudad, podemos ver un tramo del decumano romano en la Piazza del Municipio, así como estatuas de Caio Mario, Agripa y Cicerón, todos ellos naturales de Arpino.

Medieval y moderno. Numerosos son los vestigios, murallas, palacios y templos que se pueden visitar en los diferentes barrios del borgo, que son los de Arco, Falconara, Ponte, Colle y Civitavecchia. A destacar la denominada torre de Cicerón, el castello di Re Ladislao (Fundación Umberto Mastroiani, de arte contemporáneo), la colegiata de San Michele Arcangelo, el santuario de Santa Maria in Civita o la también colegiata de Sant’Andrea. Entre los museos, citar los de la Lana y los Lutiers.

Literario. Por toda la ciudad veremos diversos libros de piedra, con sus páginas abiertas, en los que se han reproducido poemas dedicados a Arpino por célebres escritores.

Os llamará la atención el plato típico de Arpino, que se llama Sagne e fagioli. Consiste en una especie de sopa densa, elaborada con un tipo de pasta elaborada a mano típica de Abruzzo, Molise y parte del Lazio (pequeñas láminas normalmente planas y rectangulares) y habichuelas blancas, condimentada con salsa de ajo, tocino, tomate (opcional) y espárragos silvestres.