De tapeo por el Camino Francés

Las principales calles y locales de tapeo de Jaca, Pamplona, Logroño, Burgos, León, Ponferrada y Santiago de Compostela

Dice un viejo refrán que con pan y vino se hace el Camino, y así ha sido durante muchos siglos, tiempos aquellos en que la calabaza no era precisamente un recipiente para portar agua, y en que las raciones tipo de los hospitales de peregrinos que las ofrecían tenían, a menudo, mucho pan y poco tocino. La propia guía calixtina se explaya sobre las bebidas alcohólicas de cada región, informándonos de su abundancia o escasez, fuese sidra o vino, pues la cerveza aún no se estilaba por los lares hispanos hasta bien entrado el siglo XIX. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero el vino, ahora unido a la cerveza, sigue siendo compañero inseparable de los peregrinos contra los que nada pueden las bebidas azucaradas, energéticas o mineralizadas, reservadas a recuperar fuerzas.

tapas.jpg

Típicas tapas españolas
Típicas tapas españolas

Nadie duda que España es un país ideal para la convivencia, donde la vida se hace en la propia calle a poco que salga el sol, y en caso contrario en los bares y tabernas, y este, aunque a nosotros, habituados a ello, no lo percibamos, es uno de los mayores atractivos de la ruta para los extranjeros, que buscan ansiosos los célebres bares de tapas.

El Camino Francés, cuya crisis presente debe motivar el replanteamiento de muchas rutinas y vicios, posee un auténtico filón en sus calles de los vinos, pues de todos es sabido que el peregrino atraviesa varias zonas productoras con denominación de origen (Navarra, La Rioja, Tierra de Castilla y León, Bierzo), y se aproxima a otras que pronto le resultan familiares (Somontano, Ribera del Duero, Rías Baixas).

Si el albergue, sea del tipo que sea, se presenta como el mejor espacio para el intercambio de experiencias y anécdotas, o para profundizar en el conocimiento de otros compañeros de ruta, a renglón seguido la confraternización suele prolongarse en las terrazas y bares de los pueblos, y cuando se trata de una población mayor en su zona de los vinos.

Vamos a hacer aquí un fugaz repaso de las principales calles de tapeo de las ciudades del Camino Francés, que ningún peregrino curioso que se precie debe dejar de frecuentar.

En Aragón está Jaca, ciudad pequeña que si a primera vista no parece ser el paraíso de los amantes del vino, de repente nos sorprende por sus locales bien montados, que se distribuyen por varias calles del centro en torno a la Mayor. Pensamos en el Ona con sus saquitos de morcilla, en las cigalas de patata y pimiento o callos del Pirulo, en los rodolfitos de la Tasca de Ana, en los huevos rotos con foie y trufa del Baviera o, imprescindible, en las patatas de La Campanilla.

Pamplona es una meca del tapeo de calidad según los parámetros que han hecho famosos a los pintxos vascos. Los Sanfermines han hecho famosas internacionalmente las calles del encierro, varias de las cuales coinciden con la de los vinos. Más que centrarnos en locales, muchos de ellos ya abiertamente orientados a los turistas, pues no hay más que ver sus nombres, hablaremos de rúas: Estafeta, Navarrería, San Nicolás (abarrotada) o San Gregorio con sus aledaños, y con un ambiente más alternativo, y precios más bajos, en la zona del Carmen.

Si de una reina tenemos que referirnos al hablar de vinos y tapeo, esta sería Logroño, pues la capital riojana ha sido considerada por muchos como la mejor de España para practicar este noble arte, y su calle Laurel como la mejor calle de los vinos del país. La densidad de bares y tabernas por metro cuadrado no tiene parangón, y además de Laurel se prolonga por San Agustín o San Juan. En cuanto al tapeo, más barato que en Pamplona, se adapta a todo tipo de gustos: desde los tradicionales champiñones a la plancha con salsa a las creaciones más sofisticadas; lo mismo cabe decir del vino de Rioja, que se mueve entre los humildes pero en ocasiones excelentes cosecheros del año, y los crianzas de toda condición.

Ya en Castilla Burgos, que hace años no poseía una calle o zona tan definida como ocurría en otras ciudades, ha ganado muchos puntos en el presente. Sus mesones de tipo castellano conviven con bares modernos y franquicias del tapeo, y dos son las calles estrella: en primer lugar la de San Lorenzo o de los Herreros, con locales tan emblemáticos como Casa Pancho, donde tendremos que familiarizarnos con sus cojonudos y cojonudas, o con los soldaditos de bacalao; en segundo, Avellanos, donde nos quedamos con la Taberna La Favorita. En Burgos abundan las cazuelitas de potajes varios, el bacalao, los callos, la asadurilla, el picadillo y, sobre todo, su afamada morcilla de arroz.

El segundo trono del tapeo, que para los que no quieran pagar las tapas será el primero, es León. Allí sus dos áreas clásicas, ambas en el casco antiguo y separadas por la Calle Ancha, son el Barrio Húmedo y el Barrio Romántico. En torno a la Plazas de San Martín, incluyendo la Mayor, y por una laberíntica maraña de callejas, se desarrolla el Húmedo, cuyo nombre puede tener su origen en el antiguo trasiego de cubas de vino, aunque nada se sabe a ciencia cierta. Posee locales centenarios como Casa Benito, el más antiguo de la ciudad, o El Besugo con sus gambas, y multitud de opciones para tapear de moca: los mejillones del Latino, la morcilla de La Bicha, las croquetas de El Rebote, la oreja o los callos de La Alpargata, y así hasta el infinito. Le va a la zaga, con más querencia de la parroquia local, el Barrio Romántico, con su zona cero en la Plaza Torres de Omaña y donde destaca sobremanera por su terraza ajardinada El Patio, y por sus sartenucas Las Tapas.

Ponferrada, capital del Bierzo, no se queda atrás, con su zona de más solera alrededor de la Plaza de la Encina y hacia la Plaza Mayor. Siempre que hacemos el Camino visitamos el semioculto y típico Bodegón, donde con el vino ponen calamares, mejillones y bravas. Fuera del casco viejo tienen vida propia la Calle Ancha, Obispo Osmundo y aledaños, y desde luego la en verano muy vital zona nueva de abajo, aunque el encanto del escenario sea menor.

Y de este modo llegamos por fin a Compostela, donde si bien la Rúa do Franco se lleva la fama, entre la parroquia local, y ya no digamos entre los estudiantes universitarios, se considera como una vía más pensada para los turistas, aunque por supuesto hay excepciones memorables (Taberna do Bispo, Petiscos do Cardeal, Mesón Abella). Otra rúa muy popular, paralela a la anterior, es la de A Raíña, otra de las populares. Para los nostálgicos de los tiempos idos, dos emblemas imperecederos: el famoso Gato Negro, mito entre los forasteros por su rusticidad, y el Negreira, bautizado como “o pataca” por su pincho de patata asada. Una zona que se ha puesto de moda es la de la Praza de Santo Agostiño, y como alternativa la Rúa de San Pedro, por donde entra el Camino Francés, siendo territorio más exclusivo de los estudiantes el del Ensanche. Recordamos que en Santiago, como en León, dan tapas gratis en muchos locales.

Y es que el Camino, parafraseando el título de la novela de Cormac McCarthy llevada al cine por los hermanos Coen, no es un país para los abstemios ni, por más que nos reciten milongas, para los veganos.

rua-raina-santiago.jpg

Rúa da Raíña, Santiago de Compostela
Rúa da Raíña, Santiago de Compostela