Porto para peregrinos: 7 visitas imprescindibles, 7 interesantes y 7 para curiosos
La gran capital del norte de Portugal se ha convertido, en los últimos años, en el nuevo Saint-Jean-Pied-de-Port del Camino de Santiago. Lo es como lugar de paso, para los escasos peregrinos que proceden de Coímbra, Lisboa o incluso del Algarve, pero sobre todo de partida para quienes aquí comienzan, a menudo recién aterrizados en el Aeroporto Sá Carneiro, su andadura por el Camino Central o el de la Costa (por ahora, la variante de Braga está desactivada). Por lo tanto, Porto se merece una sugerente guía urbana dirigida a quienes, en general con poco tiempo, procuran conocer sus puntos más emblemáticos.
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Nota 1: Los precios son de 2026.
Nota 2: A escasos metros de la catedral (Rua da Pena Ventosa, 38) contamos, desde 2026, con la Oficina do Peregrino de la União Internacional de Peregrinos Jacobeus: abre del 21 de marzo al 30 de octubre de 7:00 a 12:00 y de 15:00 a 17:00, y de noviembre a marzo de 10:00 a 12:00. Expiden la credencial.
7 VISITAS IMPRESCINDIBLES
1. Somos peregrinos, ¿no?, entonces tiene todo el sentido que visitemos con preferencia la Sé catedral, donde comienza el Camino de la Costa, y que sellemos en ella nuestra credencial. Cada día a las 11:00 hay misa, y entonces se puede entrar libremente al templo, pero si queremos realizar la visita completa, que incluye el claustro y las dependencias, musealización, más el tesoro, hemos de pagar la entrada, que son 4 € si llevamos la credencial. Al igual que en otras ciudades del país, el templo muestra aspecto de fortaleza almenada, y su fachada de dos torres encuadra un bello rosetón románico que se reproduce con elegancia en cerámica y joyería. Merece especial atención el claustro, que es de finales del s. XIV y combina sus tracerías góticas con el gusto barroco por la azulejería; el recorrido interior es bastante largo, tomémoslo con calma.
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2. Si la catedral es como la de Notre-Dame a París, el Ponte D. Luís sería el equivalente a la Torre Eiffel. Estructura de mecano en hierro, realzada por un entorno del que carece el puente hermano de Dona María Pía (1877), representa la pujanza económica de Porto en el s. XIX. La estructura, inaugurada en 1886 sin que asistiese el monarca que le da nombre (las malas lenguas dicen que por eso se llama ponte Luiz I, sin el don, ¡castigado!), contó con el mayor arco de hierro de la época (172 m de luz), siendo provisto de un doble tablero, el superior ahora reservado al metro y los peatones, y el inferior a tráfico rodado. Pese a que todos los puentes de hierro se atribuyen por rutina a Eiffel, y en el de María Pía, o en el de Viana do Castelo, es cierto que participó su empresa, en este caso el ingeniero fue Theóphile Seyrig, un alemán nacionalizado belga que, es cierto, comenzó siendo socio de Eiffel, pero luego acabaron como el rosario de la aurora. El mérito, a quien corresponda.
3. Torre dos Clérigos. Es curioso que hablemos de una torre cuando esta es parte de una iglesia, pero su fama eclipsa al continente. Una popularidad, por cierto, unida a la figura más representativa del barroco portuense, el italiano Nicolau Nasoni, que llegó a la ciudad en 1725 y ya no paró de dirigir obras (Misericórdia, palacios episcopal y do Freixo, logia catedralicia, el vecino santuario do Bom Jesús de Matosinhos…). Pero ningún logro tan sublime como Os Clérigos, un faro de 75 m de altura no sólo en sentido metafórico, sino que lo fue para los barcos que remontaban el río Douro. Avisamos que toca subir, y luego bajar, 225 escalones; también que la entrada no es barata (10 €), y que conviene sacarla por la web propia con antelación si no queréis penar en la cola.
4. Muy cerquita de la torre se encuentra la Livraria Lello, que aunque no lo parezca sigue siendo una librería con libros a la venta, y no un decorado o un museo, razón por la cual si vas a comprar un libro, se te devolverá el precio de la entrada, y si no lo haces, pues la pagas para hacerte la consabida foto en el interior (8 €). Se ha hablado largo y tendido sobre si su decoración neogótica, con toques modernistas de comienzos del s. XX, y en particular su espectacular doble escalera, inspiró o no las escaleras movedizas de Hogwarts, de la que sabréis más que nosotros los forofos de la saga, pero el dilema parece aclarado, pues ni JK Rowling, que vivió en Porto una larga temporada, ha reconocido tal conexión, ni aquí se grabó escena alguna. Pese a ello, ya sabemos que los mitos suelen tener más predicamento que la realidad.
5. Estação de São Bento. Ahora entramos gratis, no se paga por contemplar el vestíbulo de esta gare ferroviaria, una de las más bellas del país por estar decorada con un buen repertorio de azulejos. Su autor fue Jorge Colaço, que pasó aquí 11 años de su vida, en plena Belle Epóque, pintándolos. Los temas son de tres tipos: gestas históricas, escenas de la vida rural y, por estar donde estamos, referencias a la evolución del transporte hasta que llegó, claro está, el progreso en forma de ferrocarril.
6. El viejo Mercado do Bolhão, que es el mercado central de la ciudad, era a la vez pintoresco, con aspecto de caótico bazar indochino, y un despropósito. En la línea de la calidad rozando lo gourmet, ha sido remodelado en 2022, y el resultado es bastante chic sin llegar, como ha sucedido en otros lares, a lo vip prohibitivo. Los peregrinos, que no podemos cargar exceso de provisiones, si tenemos la opción de picotear algo, dulces, jamón o embutidos, conservas del mar y la tierra, frutos ofrecidos en porciones, zumos…, y también comer en los restaurantes de la planta superior. Suele haber actuaciones musicales para deleitar el espíritu y estimular el gasto.
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7. A Ribeira es el sumum desiderátum de Porto, la pasarela más concurrida, el km 0 de la masificación turística. Con el puente D. Luiz como telón de fondo, los barcos rabelos de las bodegas vinateras como decorado, las empresas ofreciendo sus cruceros —vintage, o más modernos, bajo los cinco puentes—, el personal curioseando en los puestos callejeros, y comiendo en terrazas y restaurantes bajo y sobre los arcos. El caserío es delicioso, casas de colores, forradas de azulejos, tejas árabes, ventanas con el característico despiece de pequeños vidrios, y enfrente Gaia con sus bodegas. Nos atrevemos a calificar A Ribeira como uno de los más bellos salones, en el sentido decimonónico, que existen en Europa para pasear, admirar y gozar.
7 VISITAS INTERESANTES
8. Convento de São Francisco. Se podría hacer un tratado sobre la evolución de las órdenes mendicantes, de la austeridad del edificio gótico de la iglesia (s. XIII) hasta la enfermiza obsesión por forrarlo todo de talla dorada, altares, santos, angelotes y filigranas. El interior es la plasmación más depurada del horror vacui barroco. Tanto oropel para acabar amontonados, huesos y calaveras, en el osario de las catacumbas. Entrar cuesta 12 €. Un escenario parecido lo tenemos en el Convento de Santa Clara, de la misma orden, por 5 €.
9. La Bolsa. Fue erigida, en la frialdad neoclásica que pretende evocar la robustez económica, sobre el solar conventual franciscano. Pero, ¡oh, sorpresa!, en el interior parecen haberse contagiado del decorativismo barroco de la vecina iglesia, con mucho panel de oro, al modo ecléctico: copiando la Alhambra, ¡toma ya!, en su Salón Árabe. Otros 12 €, nos acabaremos arruinando…
10. Elétrico linha 1. No solo Lisboa, con su mítica y atosigante línea 28, tiene su pintoresco tranvía. Los de Porto también son amarillos, o rojos, a punto de cumplir 100 años, y por lo tanto igual de vetustos, graciosos y, por qué negarlo, incómodos. Eso sí, el de aquí, de la subsistente línea 1, con un recorrido más plano, al borde del río, desde São Francisco hasta el Passeio Alegre, en la Foz do Douro. Ida 6 €, ida y vuelta 8 €, y con el billete tenemos un descuento en el Museu do Carro Elétrico, emplazado en Massarelos, una parada en la ruta.
11. Avenida dos Aliados. Nos seduce especialmente por ser la imagen más potente del Porto cosmopolita, de principios del s. XX, que con su comercio y los british rivalizaba con Lisboa. La línea de fuga, con sus edificios clásicos, eclécticos o art déco, que parecen salidos de un bulevar parisino, nos conduce a la Câmara Municipal, iniciada en 1920 y concluida en 1957, se lo tomaron con calma. Su torre central del reloj rivaliza, sin superarla, con la de Os Clérigos, y es que Nasoni era mucho Nasoni. Aquí, también, las letras de Porto.
12. Capela das Almas. Viene siendo como unas alminhas, de esas que abundan por los caminos del Norte de Portugal, pero a lo bestia. Su leit motiv: que al exterior está forrada de azulejos, obra de Eduardo Leite en 1929, en blanco y azul según el gusto barroco. Adoramos retratar sus angelotes.
13. Casa da Música. Esto es la modernidad, un icono asociado a cierta maldición, pues fue encargado a un super star de la arquitectura contemporánea, el Prizker holandés Rem Koolhaas, famoso por su caos organizativo, e inaugurada en 2005, tres años después de la capitalidad cultural, de la cual era su estandarte; el retraso generó algunos problemillas, ya nos podemos imaginar. Su forma de poliedro, muros de cristal, combinación de materiales, uso de azulejo y otros detalles se disfrutan a través de la visita guiada. Entrada: 12 €.
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14. ¿Una francesinha? ¿Qué demonios es esto? Pues no hablamos de alta creación culinaria, sino en realidad de un sándwich, bastante especial y contundente, que se ha convertido en bandera gastronómica local. Se lo sacó de la manga el emigrante Daniel David Silva, inspirado en lo que había visto por Francia, pero con mucha más dosis de carne. Integra varias capas de pan tostado, carnes (ternera, lomo de cerdo, salchicha, linguiça, jamón cocido), y queso fundido que lo cubre por completo, pudiendo ser coronado por un huevo frito, sin que falte una salsa densa que varía según la casa, y a veces acompañamiento de patata frita. ¿Bomba calórica? Quién lo duda. Muchos locales compiten por ofrecer la mejor, y el precio ronda los 12-15 €. Nos quedamos, acaso por ser peregrinos y no por otra cosa, con la clásica del Café Santiago, buscad sus tres sedes.
7 VISITAS PARA CURIOSOS
15. Fundación Serralves. Basta señalar que es uno de los centros de arte contemporáneo más reputados de Europa. Arquitectura de Álvaro Siza Vieira (el Prizker portuense), art déco en la Casa Serralves, interesantes exposiciones temporales, grandes jardines y hasta bosques repletos de esculturas, ideal para pasar un día entero tras desembolsar 24 € (solo el parque, 15 €).
16. Museo Soares dos Reis. Nos ponemos ahora serios, pues estamos ante un Museo Nacional clásico, que más que una pinacoteca, que también, es un contenedor de la mejor escultura lusa, sobre todo del s. XIX, contando al maestro Soares dos Reis. También artes decorativas y, para respirar un poco con tanto arte de gusto burgués, unos jardincillos. 8 €.
17. Jardim do Palácio de Cristal. Y frente al anterior museo, los jardines más encantadores de la ciudad, en gran medida por su posición elevada sobre una ladera que desciende al Douro. El tal palacio de vidrio fue una estructura del s. XIX que desapareció, pero lo sustituye un pabellón para actos culturales y deportivos que también posee una cúpula acristalada, todo arreglado. Lo mejor: perderse por sus jardincitos temáticos, realmente románticos, sin mapa.
18. Campo dos Mártires da Patria. Conocido como la Cordoaria, se trata de un espacio amplio, ajardinado (hay palos borrachos), con aglomeración de edificios públicos como el Hospital de Santo António, el Palacio de Justicia, la antigua cárcel, la fuente de los leones y, a un paso, las iglesias barrocas gemelas de O Carmo (s. XVIII), para los frailes, y As Carmelitas (s. XVII), para las freiras, parece un cuento, separadas por una casa de estrechísima fachada, casi imposible, para caminar en su interior como un egipcio, que diría The Bangles.
19. Rúa das Flôres. De todas las posibles calles de Porto nos quedamos con esta por su nombre, sus edificios de la Edad Moderna, hermosas casas y palacios, la Misericórdia de Nasoni, joyerías y cafés, dominada poco a poco por el cosmopolitismo chic e impersonal, pero sin perder todavía su encanto.
20. Iglesia de São Ildefonso. Un templo más, bien visible por su posición elevada sobre la Praça da Batalha, del primer tercio del s. XVIII. Entrar cuesta 1 €, pero lo mejor es la fachada, cubierta de azulejos.
21. Café Majéstic. No podíamos olvidarnos de otro de los mitos de Porto, equivalente al lisboeta Café A Brasileira. Se sitúa en la peatonal Rua de Santa Catarina, fue inaugurado en 1921 y parece haberse quedado congelado en la Belle Époque, sobre todo por la decoración y mobiliario modernista, aunque también por el estilo de los camareros y la vajilla; lo único que desmerece es la clientela y su atuendo, que muchas veces solo da la talla pagando su cara minuta. Lo más barato, un expreso pelado, alrededor de 6 €.
Y COMO COLOFÓN…
22. Vila Nova de Gaia. Es la otra cara de la luna, en este caso visible desde A Ribeira, y cuando estamos aquí deseamos estar en la otra orilla, y cuando en la otra, regresar a la de Porto. Otro municipio pero, en realidad, un mismo conglomerado urbano unido por el Puente D. Luis. Allí también toca pasear, quizá subir al teleférico (el viaje solo dura 5 min), y sobre todo visitar alguna de las bodegas del célebre vino do Porto, con degustación y a pasar otra vez la Visa. Por cierto, es recomendable acudir al atardecer, la vista de Porto es entonces absolutamente fantástica, un buen final.
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