María Andreina: Peregrinar con cáncer

Nos aproximamos hoy, a través de una entrevista muy franca y clarificadora, a una dimensión del peregrinaje que está mucho más presente de lo que podríamos pensar, ello aunque no suela ser noticia. En realidad, la enfermedad suele permanecer hoy en día relegada al ámbito de lo privado; se trata de una cuestión íntima, de la que solo son partícipes familiares y allegados, y por lo tanto cada uno sabe de lo suyo y la procesión va, como refiere el dicho popular, por dentro. Pese a ello en ciertos momentos, durante esas confesiones entre peregrinos tan propias del Camino, o cuando las fuerzas parecen abandonarnos y necesitamos transmitir a los demás nuestros temores, debilidades y motivaciones, las verdaderas causas de que estemos aquí y ahora peregrinando pueden aflorar. Es así como hemos conocido no uno, sino bastantes casos, de personas que realizan su Camino intentando superar graves enfermedades, en ocasiones también para cumplir un voto y dar las gracias a Dios, a la Virgen, a Santiago y a otros santos. Se trata de una de las formas más tradicionales, y más alejadas del hedonismo turístico, de completar el itinerario.

andreina-1.jpg

María Andreina en el Camino Francés.
María Andreina en el Camino Francés.

Hemos tenido la fortuna de conocer a María Andreina Mendoza (Caracas, 1975), peregrina de la cabeza a los pies, que sin remilgos nos ha contado su experiencia en el Camino tras haber superado un cáncer problemático.

¿Cómo llegaste, entonces, desde la quimioterapia al Camino?

Bueno, mi primer vínculo con el Camino puede entenderse en el ámbito de América, y fue tras leer el famoso libro de Paulo Coelho [se refiere, obviamente, a O diário de un mago, publicado por vez primera en 1987, en castellano traducido como El peregrino de Compostela]. Además, mi padre estuvo haciendo cursos en Navarra, en Madrid, y leía muchos libros de historia, conceptos que luego nos transmitía. Pero he de reconocer que el de Coelho fue mi libro de cabecera, tanto es así que tenía la idea de que solo existía un Camino de Santiago, el Camino Francés.

En 2003 nos trasladamos, toda la familia, a Estados Unidos, y acabamos quedándonos a vivir en Carolina del Norte. A posteriori también residimos un par de años en Barcelona, y desde allí fuimos a Lourdes, y nos acercamos a Saint-Jean-Pied-de-Port. Al conocer aquel pueblo, la efervescencia de un lugar lleno de gente, con tantos peregrinos recorriendo su calle principal, haciendo cola en la Oficina del Peregrino, nos entró el deseo: ¡algún día también nosotros tenemos que hacer el Camino! El Pirineo, además, nos pareció mágico.

Pues bien, tenemos a Coelho, el inspirador, y a Saint-Jean-Pied-de-Port, la espoleta, pero todavía no hay Camino…

Ya, ya. Las cosas se fueron posponiendo. Durante la pandemia estábamos de nuevo en Estados Unidos, yo trabajaba en el ramo de la tecnología, viajando mucho a oficinas, para visitar clientes, con mucho trato cara a cara y el consabido estrés que genera el modelo laboral de Norteamérica. Es entonces cuando en noviembre recibí un diagnóstico de un cáncer agresivo de seno. Aquello fue como un reset en la vida, un flash back, adquieres plena conciencia sobre lo que has hecho y no en tu vida, el tiempo no es eterno, y tienes la primera llamada seria de atención, la alarma encendida.

El proceso fue difícil, pero con el apoyo de la familia y de los médicos intenté tomarlo de una forma positiva. Padecí una operación de doble mastectomía, fue muy duro, y la razón de hacer el Camino nació en aquel momento, cuando las sesiones de quimioterapia me habían dejado sin fuerzas para respirar, para caminar, algo terrible para una persona dinámica y activa como era yo. Entonces prometí que en cuanto tuviese de nuevo fuerzas iría al Camino, sería mi desafío, mi challenger, la prueba.

Tu promesa, asociada a la sanación, es una situación clásica en el mundo del peregrinaje. ¿Cuándo pudiste cumplirla?

La promesa estaba hecha, cierto, pero todavía estábamos en pandemia. Además, como bien sabes, aquí en Estados Unidos las vacaciones son un lujo, y resulta realmente bien difícil pillarse un mes completo, y por otra parte adaptarlas a las escolares de los hijos, que ahora tienen 13 y 20 años. Nunca parecía llegar el momento, pero en 2023 estuvimos en Madrid, y allí mi primo, que reside en dicha ciudad, nos contó que había hecho el camino de Santiago. Entonces le dije a mi esposo, Efraín: “Es una señal, ¿no lo ves?, o contigo o sin ti me voy a ir al Camino ya”. En aquel momento disponía de diez días, y elegimos el Camino Portugués. Nos acompañaron mis primos, los papas del primo que nos convenció y una amiga venezolana, compañera recurrente de caminos. Fuimos a Porto y solo caminamos los últimos 100 km desde Baiona. En Estados Unidos la vida es muy sedentaria, no estábamos habituados a caminar, y creí que no podría hacerlo, pero al final lo conseguimos, y además resultó ser una experiencia increíble.

Entonces, aunque brevemente, pudiste empaparte de algunos de los valores del Camino.

Desde luego. En primer lugar te llenas de humildad, te das cuenta de que no necesitas mucho para ser feliz. Por otra parte, en esta ruta todos los días son diferentes, está la costa, también alguna cuesta por colinas, y nosotros también hicimos la Variante Espiritual por la Senda da Pedra e da Auga, con sus cascadas en el río. Las poblaciones son lindas, me encantó Padrón, también la parada en el monasterio de Poio, y disfrutar de cosas tan sencillas como una sopa de garbanzos. Una amiga argentina que siempre había querido ir al Camino, y que no es creyente, se unió a nosotros, y fue realmente muy interesante el poder compartir diferentes visiones de la experiencia a través de los demás.

La enseñanza del Camino fue grande, y sobre todo me ayudó a volver a poner el foco en las cosas sencillas, que te pueden llenar tanto en la vida, y que normalmente no valoramos.

Podemos comprender, pese a la cortedad del peregrinaje, tu emoción ¿Diste entonces por cumplida tu promesa?

A medias. Lo que realmente sucedió es que quedamos enganchados al Camino, y repetimos dos veces más, aunque ahora todo es más difícil en EE.UU., el ambiente está enrarecido. Siempre caminos relativamente cortos.

Tras las diversas experiencias pensé que había llegado el momento de hacer, como en el libro de Coelho, mi Camino Francés completo, siempre he sido una persona tenaz. ¡Y por fin sucedió, el 25 de agosto de 2025 partí sola desde Saint-Jean-Pied-de-Port, y demoré 35 días en llegar a Santiago!

No me arrepiento ni un minuto de haber hecho el Camino, ha sido la mejor experiencia que he tenido en mi vida. Cometí el error de irme con todo planificado, y como no creía que pudiese cargar la mochila, dado mi estado físico, utilicé el servicio de transporte de equipajes, y reserve todos los alojamientos antes de partir (albergues, pensiones, hostales…), planteando también algunos días de descanso en ciertos lugares. Pero el Camino te cambia los planes porque tiene su propia ley.

Lo anterior ya lo aprendí desde el primer día. Estaba francamente preocupada porque no me veía capaz de llegar a Roncesvalles de un tirón, y entonces intenté reservar en Orisson, pero estaba completo. No hubo más remedio, por lo tanto, que intentarlo. En la subida conocí a una colombiana, casualidad, que vivía en Carolina del Norte. Pensé, bueno, voy con ella, pero la señora iba mucho más rápido y no podía con su ritmo. Hacía bastante calor, y a partir de Orisson se cerró de niebla. Me sentía sin aire, no podía seguir, caminaba un kilómetro y me tenía que sentar. Al verme así, los peregrinos se paraban a animarme, y gente linda del Camino me ayudó, recuerdo que eran de Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda…

Suele ocurrir que siempre hay alguien peor que tú, y así fue: un señor estaba sentado al borde del Camino, con las manos en la cabeza, expresaba que no podía seguir. Entonces fui yo quien lo animé a él, y entre ambos nos propusimos llegar. La fuente de Roldán estaba seca, pero en ese momento pasaron dos ciclistas hacia abajo y nos ofrecieron agua de sus bidones.

Con Gronze como amigo, al culminar el segundo puerto me dije, “Bueno, ahora todo será bajada, más fácil”, otra equivocación. El descenso fue muy complicado, mi compañero se cayó dos veces, nunca llegábamos, y me entró el hambre. Mi marido estaba desesperado llamando al hostal, porque no tenía noticias mías.

Al final, junto a un alemán con su perro Labrador, conseguimos llegar a Roncesvalles, en mi caso ¡tras 12 horas de marcha, agotada, con la idea de que no podría dar ni un solo paso al día siguiente!

andreina-2.jpg

María Andreina en la etapa de Saint-Jean a Roncesvalles (izq.), y en la Meseta (dch.).
María Andreina en la etapa de Saint-Jean a Roncesvalles (izq.), y en la Meseta (dch.).

¡Menuda prueba de fuego! Si bien, suponemos, la lección fue fructífera.

En efecto, aprendí muchas cosas ese primer día. Por ejemplo a no cargar tanto peso, también a valorar la importancia fundamental del agua. Pero sobre todo me di cuenta de algo más importante: de que el Camino provee, pues en el momento en que estás más hundido aparece el auxilio, una ayuda, una persona que comparte contigo lo que necesitas. Y, desde luego, reconocí que una cosa son las expectativas y otra muy diferente, aunque igualmente mágica, la realidad.

Mi marido me había exhortado a no comenzar en Saint-Jean-Pied-de-Port, pero me sentí por vez primera una auténtica peregrina ese día, al llegar a Roncesvalles. Y en cuanto a etapa fue todo lo contrario de lo que había imaginado, porque no vi ni Pirineos, ni montañas ni nada, todo estaba envuelto en la niebla, y solo se percibía, a través de sus campanillas, la presencia de caballos y ovejas.

No se por qué, pero estamos persuadidos de que sí pudiste caminar al día siguiente de Roncesvalles.

Desde luego. La quimio me ha afectado mucho, antes del tratamiento era una persona muy activa y dinámica, ahora estoy con sobrepeso por algún cambio hormonal. Mi cuerpo no está del todo recuperado, sigo luchando y no estoy al 100%, a veces con ataques de ansiedad, cansancio, secuelas, aunque por fortuna ya libre del cáncer.

Así las cosas ya te puedes imaginar que el Camino fue muy duro. Los días que hacía etapas de más de 25 km sufría, llegaba muy tarde, super cansada, y repetía la letanía: “¡Mañana, no camino!” Sin embargo, no sé realmente como explicarlo, al día siguiente seguía. A ello ha contribuido la gente maravillosa que he conocido, todos estaban pendientes de mi al verme débil.

Al amanecer caminaba con la luna y las estrellas, un hecho que me resultó muy especial, así como tener que girarte para ver salir el sol; los cielos rojos del amanecer y los paisajes te aportan energía. El tiempo también ayudó, de 35 días tan solo me llovió uno, fui afortunada.

Te cuento una cosa que me sucedió. Tras el cáncer, siempre voy con mi bandana, porque estuve mucho tiempo sin cabello, y desde mi primer Camino tenía una, y la perdí, estaba muy triste, en mi cuarto día. Y fíjate qué cosas del Camino, estaba sentada en un pueblo muy cansada, hablando con un nonagenario, y veo que pasa una chica australiana que conocía desde el Pirineo, muy joven, que siempre aparecía como un ángel para motivarme. Entonces reconozco en su mochila mi bandana, que había encontrado tirada e intuía que era de alguien: ese alguien era yo, nos abrazamos y lloré de emoción.

Hubo muchos momentos mágicos. Castrojeriz fue uno de mis lugares preferidos, allí conocí a unos señores de Granada y Brasil con los que caminé varios días. La subida a O Cebreiro fue otra prueba, demoré mucho en conseguir hacerla. Arriba me esperaban José Manuel y Laurie Dennett, llegué a las 17:30, fueron muy cariñosos conmigo, y asistimos a la misa con Fray Paco.

¿Tenía un sentido religioso tu Camino?

Es cierto que me he sentido especialmente en contacto con Dios. Aunque soy católica, no practico a tope, pero sí que fui a misa en todos los pueblos en los que pude, y lo que me pareció más bello son las bendiciones de peregrinos. Me ha parecido algo que no debemos perdernos, aunque uno no sea católico o cristiano.

Tal vez también hayas percibido o sentido algo negativo.

Pues sinceramente, no recuerdo nada realmente negativo. No sentí el problema que muchos comentan de la masificación, creo que incluso eso engrandece la experiencia, porque dónde en el mundo vas a conocer e integrarte con un grupo tan diverso. El señor que me topé camino de Roncesvalles, en el primer día, era un pastor protestante de una iglesia de EE.UU., y yo le decía, “a usted nunca le hablaría si me lo encontrase allá, y aquí, ya ve”. Quizá yo hubiese deseado encontrar más personas con las que hablar español, pero en septiembre todos hablábamos inglés. Puedo añadir que en la meseta faltan servicios higiénicos, a veces en tramos largos, de 15-20 km.

¿Y Santiago?

Al llegar sentí una emoción increíble, aunque es una mezcla, estaba contenta y a la vez triste. Me preguntaba, “¿y ahora qué voy a hacer yo, cómo voy a regresar a USA a continuar mi vida, después de 35 días pensando solo en caminar, comer, dormir?”. La catedral es imponente, cuando la ves desde el Monte do Gozo, yo ya la había visto, la alegría ya te desborda. Y al entrar al Obradoiro todos llorábamos y nos abrazábamos, sin conocernos de nada en muchos casos. El gozo aumenta en la Misa del Peregrino y con el abrazo al Apóstol.

En Santiago todos los que llegan en ese momento son como tu familia, estamos unidos por el sentimiento de alcanzar la meta. Te reencuentras con gente que no habías visto desde hace días.

¿Un epílogo?

En mi caso el Camino Francés desde el Pirineo constituyó un cierre de ciclo, valió mucho la pena, pero cuando acabas ya estás pensando en el próximo Camino.

El Camino no es solo un viaje, es como una forma de volverte a sentir vivo, y en verdad me sentí viva caminando más que nunca. En el trabajo pasan los días, uno más, y no haces nada que te llene o enorgullezca, pero en el Camino descubres la fuerza interior.

Ahora ya siento que los otros caminos que había hecho no lo fueron. La forma de vivirlo plenamente es así, completo, una larga aventura, hacerlo en pocos días no te da el tiempo para absorberlo de verdad, sobre todo cuando vivimos en una sociedad tan abrumadora, en la que necesitamos tiempo para pensar.

En Venezuela somos más abiertos —también en Barcelona—, pero en USA es muy difícil hacer comunidad, aquí todo es más frío, la gente distante, las personas no se interesan por ti, cada uno anda a lo suyo, reina el individualismo. Por eso aquí la gente tiene casas tan grandes, porque se encierran en su mundo. Y al hacer el Camino no se entiende que la gente viva así, sin trabajar 12 horas al día, es un choque positivo, un aprendizaje. ¡No se puede vivir únicamente para trabajar!

Periodista especializado en el Camino de Santiago e historiador

Comentarios
Jaor
Imagen de Jaor
Emprender el camino a Santiago consigue disuadir las dificultades psicológicas y físicas que se padecen. El contacto con la naturaleza y la variedad de circunstancias que llevan implícito el camino me supuso abrir la mente para así captar nuevas energías que nos reportan para tratar de olvidar los problemas que la mente y el organismo sufren. Se atenúan las dificultades por el constante movimiento del organismo que repercute también en el desenvolvimiento de la mente. Los dos, organismo y mente en el camino están estrechamente vinculados. Lo he experimentado en mis caminos, pues por circunstancias personales y físicas, estuve sometido a una depresión grave que me impedían realizar unas actividades normales en mi vida, tomé la iniciativa de emprender el camino a Santiago como en otras ocasiones lo he hecho y estas anomalías psíquicas afortunadamente desaparecieron. Pero cuando volvía a la normalidad de nuevo a la semana de llegar del camino aparecían en mi mente las sofocantes turbaciones que me impedían desarrollar unas actividades normales, a pesar de la rigurosa medicación. Ahora por suerte estoy recuperado.
Paul Palacios
Imagen de Paul Palacios
¡Qué lindo relato!
OrlandoADVGEORJ
Imagen de OrlandoADVGEORJ
Bom dia Amigos!!! Emocionante relato! Assim é a VIDA! El Camino, simbolicamente, é a VIDA! Um forte abraço em todos os Peregrinos e um especial em Antón Pombo, que conheci no Rio de Janeiro, no Instituto Cervantes de Botafogo, em um evento dos Associação Brasileira dos Amigos do Caminho de Santiago, localizada na Casa España !