Manuel Garrido: Pautas para entender el renacimiento jacobeo

Manuel Garrido (Segovia, 1964) es un veterano del Camino. Lo es como peregrino impenitente de diversas rutas (Mozárabe, Primitivo, Francés, Portugués, ahora planificando el Norte), como socio de colectivos jacobeos (AGACS, fundador de FICS) y como trabajador, desde aquellos tiempos del Xacobeo’93, de la S.A. de Xestión do Plan Xacobeo, ahora integrada en Turismo de Galicia, donde durante doce años se encargó de la inspección y mantenimiento de los caminos en la comunidad. Formas diversas de acercarse al mundo de la peregrinación compostelana que le han aportado una visión multidisciplinar, la cual ha sabido trasladar a sus trabajos divulgativos sobre la ruta, entre ellos los dedicados al Camino Portugués, Padrón (donde reside) o, próximamente, al Camino por Ourense, así como a otras colaboraciones en la Gran Enciclopedia del Camino de Santiago o en la prensa gallega.

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Manuel Garrido
Manuel Garrido

Centramos ahora nuestra entrevista tras haber leído de un tirón su libro más vendido: El Camino de Santiago. Doce siglos de historia (Alianza Editorial, Madrid, 2023). Se trata de una síntesis de la historia del Camino, desde las tradiciones sobre la predicación y traslación del apóstol en Hispania hasta la actualidad, redactada con un afán eminentemente pedagógico y destinada a cubrir un vacío con una “narración rigurosa, didáctica y amena” (pág. 15).

Manuel Rodríguez, compañero de trabajo y vocación, expresa en el prólogo la que ya podría ser nuestra primera pregunta: “Si hay algo que me preocupa en el Camino de Santiago actual es el desinterés que por su proceso histórico y significados se observa entre mucha gente que lo realiza, entre bastantes Administraciones e instituciones y entre una parte significativa de quienes están viviendo de él como negocio”.

Ignorancia, dejadez, desinterés…, ¿qué está pasando en el mundo del Camino?

Sí, totalmente, lo que suele ocurrir cuando un tema se difunde y amplía tanto, es que se pierde la esencia, y mucha gente viene a hacer el Camino, pero sobre todo en verano hay muchas personas que utilizan el Camino de Santiago pero no son peregrinos. Tienen todo el derecho, ¡ojo!, pero para mantener la esencia, la tradición, deberían existir unas normas: el Camino se hace caminando o en bici, pero no en autobús; el estilo del verano, las reservas, el no cargar la mochila, el seleccionar tramos, lo respeto, pero eso no es hacer el Camino de Santiago. Es lo mismo que si mañana me voy a una ruta de senderismo de 20 km y camino solo 3 km, y luego tomo un taxi o autobús y me llevan al final. No es cuestión de ser dogmáticos, pero…

No sé si hay despiste o está todo cambiando, el peregrino viene, aunque hay de todo, a estar cuatro o cinco días en Galicia, y más que hacer el Camino se viene a ver cómo otros lo hacen, a hacer turismo por el Camino. El mundo funciona por modas, en los 80-90 no caminaba casi nadie, pero llegó el descubrimiento.

En el capítulo 2 del libro refieres los principales caminos históricos (Francés, Primitivo, Norte, Portugués, Mozárabe, Inglés, Prolongación a Fisterra y Muxía…), pero hoy hay muchos más, sin salir de la península ibérica enlaces desde todas las capitales de provincia, variantes a gogo, y luego los neocaminos que surgen cada día, algunos con nombres muy comerciales y sustentados por entelequias…

Para mí nos estamos pasando de rosca. Ayuntamientos, asociaciones, que quieren mucho a sus pueblos, desean que pase por ellos, y todo el mundo quiere su Camino, elaboran estudios supuestamente históricos sin respetar la Declaración de Santiago, elaborada por los expertos en 1987, donde se planteaban unos requisitos de historicidad, red de acogida, testimonios, el tránsito permanente en largos periodos históricos, un peregrino no hace camino… Pero hoy todo vale, se hacen informes poco rigurosos. En Galicia, incluso, sobraría alguno de los oficiales. Ahí tenemos algunos tramos del Camino de Invierno, o el Portugués de la Costa, pues nadie en su sano juicio cruzaba el río en la desembocadura. Si seguimos aumentando el número de caminos de Santiago, nos lo cargaremos. Si se aceptasen todos los que esperan ser reconocidos sería un caos. Algunos quizá podrían titularse como rutas actuales de peregrinación, evitar equívocos con los históricos buscando meterlos con calzador. Lo mismo pasa con las excesivas variantes, mareamos al peregrino.

Nos interesa lo que ha ocurrido en el s. XX, porque es la época quizá menos estudiada y conocida, y parece que más allá de la manipulación interesada de la figura de Santiago y de la peregrinación por parte del Franquismo, ya nos suponemos todos en qué sentido, el flujo no cesó, había peregrinos…

He seguido estudios de Caucci, Carmen Pugliese y otros, el número descendió pero nunca estuvo vacío, registros del XIX y del XX reflejan la llegada de peregrinos de Galicia, comunidades próximas, Portugal… El Camino nunca estuvo vacío pese a crisis y guerras. Ahí está el testimonio del cura Don Silvino, que peregrinó en 1937 (publicado por Iacopo Caucci). Se había perdido el camino antiguo, los peregrinos seguían las vías actuales.

Luego llegamos a la Transición y la Democracia, y a un año que algunos historiadores, o más bien panegiristas de un relato concreto, exaltan como una especie de refundación: 1982, con la primera visita de Juan Pablo II a Santiago. ¿En realidad tuvo tanto impacto esta visita en el renacimiento peregrinatorio, porque las estadísticas parecen contradecir la hipótesis?

Lo que yo veo es que la visita revitalizó el papel de la ciudad de Santiago a golpe de año santo, como se había hecho a lo largo del siglo XX. Al Camino no le afectó tanto. Las visitas de Wojtyla reforzaron más la meta que el propio Camino.

Otro año fundamental para el resurgir fue 1992, la invención y preparación del Xacobeo. Creemos que de este tema posees información privilegiada, dedicas un capítulo entero, en el libro, a este programa.

Para mí la gran aportación del Xacobeo fue saber recoger el trabajo previo de los años 70-80, ya desde los 50 en Francia, desarrollado por parte de un grupo reducido de pioneros de España y el resto de Europa, y no sé si fueron conscientes de ello, pero aprovecharon ese trabajo y fueron capaces de generar una gran promoción, centrada en Galicia, y en consecuencia de incentivar la llegada de peregrinos, señalizando un Camino que ya estaba balizado con las flechas amarillas por el activismo jacobeo de las asociaciones.

El Xacobeo primero se centró en Santiago capital. Pero desde entonces el Camino de Santiago ya no se mueve solo a golpe de año santo. Se estableció una red de acogida, a imitación de la medieval, en un primer momento gratuita, como estímulo, lo que hizo crecer el número de peregrinos. Pero el Xacobeo, pese a su importancia, no fue el principio, hubo un trabajo previo que no podemos ignorar ni oscurecer: París, Estella, Elías Valiña, Cacharro Pardo en la Diputación de Lugo… Fraga con su experiencia...

Sin embargo, como bien apuntas, en los 70, y sobre todo en los 80, algo se movía en silencio y fuera de cámara; Elías Valiña, el grupo de Estella con Paco Beruete, Andrés Muñoz Garde, otros muchos colaboradores a lo largo del Camino Francés…

Había algunas figuras relevantes, no me quisiera olvidar de nadie, el canónigo Navarro de Roncesvalles, Andrés Muñoz Garde en Navarra y Aragón, Beruete o Goicoechea Arrondo desde Estella, José Ignacio Díaz en La Rioja, José María Alonso y Pablo Arribas en Burgos, Alberto Ruíz Lanchades, Carmen Montes, Ángel Barreda y Mariscal en Palencia, Antonio Viñayo, Luis Vacariza y Antolín de Cela en el Bierzo, luego en Tineo Laureano, Miláns en el Camino Norte, Imaz en Gipuzkoa, López Chaves, Pombo y Riera en Galicia, Fernando Oros y los miembros de la asociación Iacha en Jaca, y otros muchos…

También en el plano intelectual, la exposición jacobea de Europalia en 1985 (Gante) contribuyó a cohesionar el primer grupo de expertos con Caucci, Plötz, Lacoste-Messelière, Díaz y Díaz, Moralejo, Lucia Gai, etc.

Uno de los principales objetivos del libro, aparte lo didáctico, era recuperar esos años olvidados desde los 70 hasta el Xacobeo’93. Los historiadores tenemos también un compromiso social, debemos intentar ser justos, no se puede pretender que el camino lo inventaron dos.

Y luego el Consejo de Europa, en 1987…

Un hecho fundamental para seguir con el impulso, los políticos fueron capaces de poner en valor el Camino.

¿Qué impacto tuvo el I Congreso de Asociaciones Jacobeas de Jaca (1987) en tu opinión?

Fue un momento de ilusión. He leído las actas completas. Se pusieron las bases de la moderna peregrinación, se incentivó el nacimiento de nuevas asociaciones, una estructura que las agrupaba, se hizo la primera puesta en común, en torno a los retos y problemática existente, de todos los que trabajaban en aquel entonces con distintas sensibilidades.

Asimismo dedicas un gran espacio al renacimiento de los caminos en España y Europa, pero también en América. ¿Qué crees que ha pesado más para que el Camino se haya convertido en una ruta universal a día de hoy?

Hay más que promoción o moda. En el ejemplo o modelo del Camino, que han intentado implantar en otros lugares pensando en un beneficio económico, veo que hay vocación de espiritualidad, se quiere hacer con trascendencia. El deporte, la vida sana al aire libre también pesan. El Camino de Santiago ha sido, para muchos, una escuela.

Consideramos que también aciertas, en el capítulo 9, al recalcar el papel crucial de la hospitalidad. Sin ella, con un modelo integrador y económico, o de acogida tradicional en régimen de donativo, ¿crees que el Camino hubiese sido lo mismo? ¿Qué riesgos ves en la evolución de este sistema de acogida?

Acogida cercana, entroncando con la historia, del Xacobeo al principio. Luego llegaron otros alojamientos, todos respetables. El Camino no sería lo mismo, este tipo de acogida aporta mucho, es agarrarnos a la historia, a una filosofía de ejercer la hospitalidad cuando todo se banaliza.

Los amigos del Camino, desde sus asociaciones, han jugado un papel relevante en todo este proceso, pero ¿siguen siendo hoy agentes activos que influyen en el devenir de la peregrinación jacobea?

En otros países no lo sé muy bien, intuyo que menos, aunque en Brasil, donde participé el año pasado en un nutrido Encuentro de Asociaciones, percibí una gran vitalidad y entusiasmo, pero aquí en España, y concretamente en Galicia, las asociaciones han perdido fuelle, sus objetivos de salvaguardar la ruta, deberían mantener ese puntito crítico más allá de que necesiten ayudas para realizar sus actividades. A veces se puede estar de acuerdo con la administración, otras no. La administración también debe escuchar a todos. El mundo jacobeo está muy radicalizado, con mucho egocentrismo; deberíamos, como peregrinos, mantener la humildad.

Un último capítulo está dedicado al peregrino, una figura que cambia con los tiempos , pero ¿actualmente hablamos de evolución o de ruptura, con la eclosión de la figura popularmente denominada turigrino?

Existe ese perfil, no se puede negar, aunque no me guste. Desde el 2000 hay de todo, también cosas positivas como que el Camino se ha abierto a mucha gente, se ha estudiado más, incluso diría que demasiado.

¿Cuál crees que es el mayor peligro del Camino en el presente?

Que todo lo convirtamos en Camino, este es el gran peligro.

Es necesario hablar más y apartarse de planteamientos radicales y de posturas inmovilistas, los protagonistas no son los historiadores, ni los técnicos, sino quienes interactúan en el propio Camino, sobre todo los peregrinos.

Periodista especializado en el Camino de Santiago e historiador