Julio y Fito, compañeros inseparables del Camino
Nos encontramos en Noia con Julio (Alemania, 1968) y Fito (Alemania, 2018), sí, por Fito y Fitipaldis, un grupo que con su música y letras ayudó a Julio en días duros. Julio y Fito se están convirtiendo en uno de los grandes defensores del Perregrino y la Perregrina contemporáneos, en particular a través de sus vídeos de YouTube. En esta ocasión, Julio y Fito hacen tramos del Camino con su autocaravana Rosen (por el roquero Rosendo), un hogar a prueba de bombas.
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Todo amor por el Camino tiene una chispa que prendió un día, que dirían Santa Teresa y San Juan de la Cruz, el fuego perpetuo. ¿Cuándo te subiste a este tren?
Bueno, cuando colaboraba con los Salesianos, recuerdo que en el año santo de 1993 organizamos un Camino con los antiguos alumnos, un plan diferente a lo habitual, pintaba bien. ¿Te puedes creer que no se apuntó nadie? Entonces, un tanto frustrado, se lo comenté a mi madre, y ella me dijo: “Pues me voy yo contigo”. Así fue como hicimos los dos nuestro primer Camino, en agosto desde Ponferrada a Santiago. Fue una aventura nada fácil, la primera noche dormimos en los bajos de la iglesia de Camponaraya donde ni tan siquiera se podía estar de pie, pero valió la pena, ahí quedé enganchado.
Entonces, primer Camino y ya no paraste…
Así fue. Al 1993 le siguieron el 1994 y el 1995 desde Burgos, pero el trabajo exigente volvió a imponer su ley. Unos años más tarde, el Señor Santiago, que ya me conocía, me echó un cable y tras diez años de trabajo duro en una empresa, me marché de ella tras un grave accidente laboral que desembocó en una crisis existencial. Convaleciente después de la operación recordé los buenos días pasados en el Camino Jacobeo, y es así como regresé de nuevo al Camino en 1998, otra vez en agosto. Por fin podía hacer el Camino Francés entero, y eso que arrastraba aún las heridas del accidente y la operación, con una molesta hernia inguinal aún en fase de recuperación.
Aquel Camino Francés, que inicié en Somport, resultó duro y a la vez gratificador. El hambre de Camino me provocó enormes ampollas, y tuve que ingeniar un sistema, un tanto radical para curarlas, a lo que me ayudó Nancy Frey, que en ese momento se encontraba de hospitalera en Hospital de Órbigo, la estadounidense que escribió después el libro Pilgrim Stories y dirigió un popular y premiado documental. El Camino continuó recompensándome y fue así como días después, en el albergue Gaucelmo de Rabanal, entablé conversación con una chica que se partía de risa viéndome lavar los calcetines. Era alemana, y la volví a encontrar en Molinaseca, desde donde seguimos juntos hasta Fisterra.
No sé por qué ya me estoy imaginando que ese encuentro del que hablas tuvo consecuencias.
Pues efectivamente, a Alemania que me fui, a la zona de Würzburg, y pronto acabamos como pareja. Tanto fue así que al año siguiente nos casamos, nada menos que en Villalcázar de Sirga, una iglesia muy especial, y oficiando la ceremonia Juan Antonio Torres, el benedictino que más tarde fundaría el monasterio de San Salvador de Monte Irago de Rabanal del Camino.
Sin embargo, ya sabes lo que a veces pasa, lo que el Camino une, la vida lo separa.
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Bueno, primera parte de la historia concluida, pero me falta la que ahora suscita más interés…, ¿y Fito?
A ver, cuando iba a cumplir los 50 decidí regalarme seis meses de libertad del trabajo en Alemania donde aún continuaba. Por aquel entonces colaboraba con protectoras de animales, y decidí adoptar un perro que nunca me concedieron por estar viviendo solo y trabajando. Pero mira tú por dónde que un día mirando por internet descubrí que había dos cachorros de Terrier Airedale en oferta a tan solo 60 km de donde vivía. Fue así como Fito llegó a mi vida, con casi tres meses, mi gran compañero Fito.
Tenemos ya el tándem Julio-Fito, o si prefieres Fito-Julio, inseparables compañeros, pero nos falta, otra vez, el Camino.
Ya, fue rápido. El primer contacto con Fito y el Camino fue en el 2018. Fito puso sus patitas por primera vez en el Camino con cuatro meses de edad, un contacto de muchos días atravesando Alemania, Francia y España combinando tramos a pie con otros en un remolque que le puse a la bici y durmiendo en nuestra furgo. Al año siguiente vendría la prueba de fuego. Partimos de Irún en abril del 2019, pero entonces, ingenuo de mí, me fui dando cuenta de lo realmente difícil que es hacer el Camino de Santiago con tu perro. Fue ahí donde comenzó mi reivindicación del Perregrino en el Camino.
La primera experiencia la tuve en Irún nada más llegar, cuando el hospitalero, una persona adorable por cierto, me dijo que “perros no”, aunque si quieres puedes montar la tienda de campaña en el jardín para dormir con él. Con Fito llegaron una mochila-carro llena de pienso y otras cosas perrunas a mis Caminos. Poco a poco fuimos ganando experiencia, pero en ese primer Camino, la primera jornada llegué a cargar hasta 38 kg subiendo a la Virgen de Guadalupe, ¡¿te puedes imaginar qué calvario?! Le siguieron puertas cerradas y 41 km hasta el camping Monte Igeldo de Donostia, donde pasamos nuestra segunda noche. Fue entonces cuando me dije que había que hacer algo, y el lema podría ser este: “reivindicar el Camino para los Perregrinos, y buscar un lugar para ellos”.
Entonces, hacer el camino con tu compañero, algo que experimentan cada vez más peregrinos, no ha sido cosa fácil.
En ese primer Camino largo los obstáculos se acumularon. Y sí, es posible hacer el Camino con perro, pero con muchísimo esfuerzo añadido, y también gasto, por qué no decirlo. Solo así comprendo que muchos amantes del Camino que tienen perros se vayan a él sin ellos.
No es la primera vez que veo a algunos perros sufrir en el Camino, pero de verdad, entiendo que no será tu caso.
¡Qué va! Fito disfruta muchísimo de la ruta, y tiene más zapatos que yo (risas). En nuestro segundo Camino, el de Madrid, pasada Medina de Rioseco, comenzó a cojear, y desde el tercero lleva zapatos para perros. No es una solución perfecta, pues si bien les protegen las almohadillas, con el calor les hacen sudar, y con ello aumentan los hongos.
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En base a tu holgada experiencia, y a ser ya un defensor de la causa conocido en internet, ¿qué le dirías a quien desee hacer el Camino con su perro?
Pues que tienes que ser muy consciente de que si te llevas a tu compañero de cuatro patas vas a tener un Camino más complicado: primero para encontrar un alojamiento en el que puedas estar bajo el mismo techo con él, luego para encontrar la comida adecuada (en el Camino Olvidado, por ejemplo, las pasé canutas), también es preciso saber reaccionar ante la presencia de otros perros que le pueden atacar, sin olvidar a las garrapatas, inevitables aunque tome pastillas y lleve un collar antiparásitos.
Sobre el encuentro con otros perros, recuerdo que llegando a Melide por el Camino Primitivo nos cercaron seis mastines, y la cosa se puso tan fea que tuvo que venir a recogernos la Guardia Civil.
Además los perros también pueden enfermar como las personas, y a ellos no les atiende ningún servicio de emergencia, salvo casos puntuales como los de APACA.
¿Entonces, pese a la creciente demanda, no estamos evolucionando en la acogida perregrina?
Pues mira, el dog friendly, que en otros países del mundo está asumido, no acaba de cuajar en España. En los Caminos más transitados sí. De Sarria a Santiago, por ejemplo, no tienes ningún problema, está asumida la modalidad y te ofrecen alternativas. Pero en caminos como el de Madrid o el Olvidado, nada de nada, salvo que el Señor Santiago provea.
También debería clarificarse la ambigüedad que practican algunos negocios de acogida, que dicen admitir mascotas, pero lo que te ofrecen es un garaje sucio, un jardín sin resguardo o incluso una vieja caseta, esto habría que ordenarlo.
Y otra cosa. En España a los animales no los admiten en casi ningún transporte público, nosotros nos movemos mayoritariamente con Blablacar, con mucha suerte y esfuerzo encontrando conductores sensibilizados.
Propondría, por último, que los albergues privados de mayor categoría estén obligados por normativa, bajo las condiciones que ellos dispongan, a admitir a los Perregrinos. Ya sé que me gastaré una pasta extra, pero al menos desearía tener la seguridad de que así, pagando, al menos podré hacer el Camino con ciertas garantías.
Entonces, rendirse nunca.
En absoluto, llevamos seis Caminos largos juntos, y el premio de hacer así la ruta es enorme. Recuerdo que este año, por ejemplo, celebramos el 8 cumpleaños de Fito nada menos que en el Alto del Perdón: ¡fue impresionante, con los peregrinos cantándole el Cumpleaños Feliz en diferentes idiomas, sacando fotos y compartiendo nuestra alegría!
Ya que hay otro montón de cosas que no caben en nuestra entrevista contigo, Antón, me gustaría ofrecer a los Peregrinos y Peregrinas que nos contacten con cualquier duda sobre el Camino con sus Perregrinos y Perregrinas en nuestro correo electrónico: julioyfito@gmail.com
¡Muchas gracias, Antón! Y a los Peregrinos, Peregrinas, Perreginos y Perregrinas desear un Buen Camino y a disfrutar, que para eso estamos aquí.
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