Camino de Fisterra-Muxía, al revés
Siempre ha habido algún peregrino que, al modo del pasado, ha regresado a casa a pie; vale, hay que disponer sobre todo de tiempo, fundamental, y también de fondo físico, y buenos zapatos. En la Prolongación a Fisterra y Muxía, como en los restantes itinerarios jacobeos, ha sucedido esto, son solo tres jornadas para la mayoría; en vez de tomar el bus, pues paso a paso por donde se vino, a reencontrarse con lugares ya conocidos. Para echarles una mano en la empresa, alguien ya había pintado hace años unas marcas azules.
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Pero ahora, en esta fase cambalache del Camino, estamos viviendo un panorama muy diferente, y es que cada año son más y más los peregrinos, o lo que sean, que deciden comenzar su andadura en Fisterra y/o Muxía, pasando luego por la que les falta de las dos citadas (dato importante, pues de otro modo no suman 100 km). De tal guisa se dirigen a Santiago tan campantes, como si se tratase de otro caminito más del catálogo. Un plan, como siempre ocurre últimamente, amparado en el sacrosanto concepto del libre albedrío.
¿Qué es lo que está sucediendo para que ocurra esto? ¿No llega con la tradición secular, documentada desde el s. XII, de que este peregrinaje a Compostela nunca existió como tal, sino solo al contrario de los demás caminos, como un epílogo que, además, la propia catedral de Santiago promovió y estimuló en la Edad Media con carácter devocional y penitencial? ¿Es que no les llega, a los píos, con un santuario mariano en Cee, otro similar y de renombre en Muxía, además vinculado a la leyenda jacobea de la predicación a partir de una aparición similar a la de Zaragoza, y por si fuera poco el culto al Santo Cristo en la iglesia de Santa María das Areas de Fisterra? ¿Tampoco les convence toda la literatura científica y divulgativa, las guías todas en el mismo sentido de seguir hasta el fin del mundo de la Antigüedad, el compendio simbólico que así se alcanza para interpretar la peregrinación compostelana e, incluso, la oficialización de la Xunta como prolongación?
Pues al parecer, no, porque la principal razón que esgrimen los contestatarios que hacen esta ruta al revés, aparte, obviamente, de la absoluta desinformación de algunos, es que así les dan el papelito de la Compostela, el summun desideratum.
Por lo tanto, a la hora de buscar algún culpable, el primero está bastante claro, y es precisamente quien nos proporciona esas estadísticas molonas que, en algún momento, han llegado incluso a “despistar” a algún responsable turístico de la administración. Y es que la única cifra completa y malintencionadamente falsa del meritorio cómputo que hace la Oficina de Peregrinación de la Rúa Carretas es, precisamente, la que ofrecen del Camino Fisterra-Muxía, donde se limitan a constatar los que hacen el Camino al revés, por ahora unos centenares, nada en relación a los 50 o 60.000 que, se calcula, son fieles a la tradición (la aplastante mayoría, por cierto, extranjeros).
En apoyo de la catedral y su visión torcida de la historia que ellos mismos generaron, y que un sabio como el canónigo López Ferreiro estudió con ahínco y defendió (hoy, lamentablemente, no hay nadie de su talla intelectual por allí), surgen algunos listillos oportunistas como los de la Vía Céltica, los cuales erre que erre, sin ningún éxito pese a defender el supuesto resort medieval de Santa Comba con uñas y dientes, juran y perjuran que los puertos de la Costa da Morte, de Caión a Fisterra, eran algo así como los deportivos del presente, a los que llegaban en sus veleros, libres y porque navegaban por donde les venía en gana, los peregrinos, o bien embarcados en naves comerciales, de las que nunca se ha citado ni al menos una, que obtenían pingües negocios en dichos puertos, los cuales, por supuesto, disponían de toda la infraestructura, los permisos y, al parecer, una organización logística que ya querría para sí Rotterdam. En fin, al mundo académico le entra la risa…
Otro campo es el de la “procesión dos caladiños”, que decimos en Galicia para los cortejos post mortem del Viernes Santo que acompañan a la Virgen de la Soledad, porque si es atacada una tradición jacobea secular sobre la que se ha establecido un consenso contemporáneo, bueno sería que algún experto, asociación jacobea, asociación de empresarios, administración local, provincial o autonómica, pusiese algo de luz en el actual desbarajuste del todo vale.
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Pues no, tampoco aquí esperéis conciencia crítica ni un simple comunicado. A los empresarios que se benefician del flujo, como nos ha confesado por lo bajini alguno, tanto les da que vengan de allá para acá, que de acá para allá, la caja es lo que importa. Se trata de un análisis un poco apresurado, porque algunos de los que parten de Fisterra o Muxía llegan en autobús, o en taxi, desembarcando cuando el rey David aún está cantando las mañanitas, y ya no paran ni para comprarse un pin o la venera; salen disparados, hasta luego Lucas, para completar su primera etapa.
Por lo que atañe a las administraciones, tres cuartos de lo mismo. O bien se parapetan tras el sofisma de la libertad, ya que no se puede con la gente, qué le vamos a hacer con las modas, porque los tiempos están cambiando que dijo Bob Dylan, y cada uno que haga lo que quiera siempre que venga, consuma y beneficie al territorio, o directamente se parapetan y echan balones fuera, porque el asunto es competencia exclusiva de la catedral, que tiene sus manías, ya sabes cómo son esos señores de negro, y, en última instancia, que hablen los expertos, sentando cátedra.
¿Y qué podemos esperar de los expertos? Pues o bien que su voz resuene lejana en algún congreso con sus actas, o en revistas especializadas que solo ellos y algún forofo de la historia y los evaluadores del cursus honorum leen, o silencio al canto para no enfadar a nadie, especialmente a quienes les pagan los saraos. Además, desde luego, nada de enemistarse con la Iglesia hemos topado. Recordamos, al respecto, que el Comité Internacional de Expertos del Camino de Santiago, creado para asesorar a la Xunta en la temática jacobea, a parte de sus congresos y publicaciones, nunca ha asesorado prácticamente en nada relativo a la política institucional desarrollada en el Camino de Santiago, ni, más triste todavía, se ha pronunciado cuando el Camino o la peregrinación han sufrido graves atentados en su patrimonio material o intangible, que han sido muchos, graves y reiterados. Bueno, rectificamos, se han pronunciado tan solo una vez y casi en secreto en respuesta a la fatua del ayatola de turno, o sea, cuando se han visto entre la espada y la pared, y ha sido, precisamente, para rechazar la iniciativa de declarar la hospitalidad jacobea como patrimonio cultural inmaterial por parte del Ministerio de Cultura (daría para otro artículo).
En resumen, que la plaga está creciendo sin freno como los incendios de agosto en el Noroeste, también aquí por falta de prevención y planificación a medio plazo, y la bola de nieve aumenta por los comportamientos miméticos de quienes hacen del antojo su bandera, a cuenta de los beatos de turno engañados por la Santa Apostólica y Metropolitana Iglesia Compostelana, y con la suma de los que no se enteran de nada y van a la feria porque suena la música, a veces con coro prescriptor de angelicales tiktokers.
Sentimos, por lo tanto, constatar que al desmadre actual del aprovechamiento comercial intensivo de los 100 últimos km, trending topic del mundo jacobeo para ganancia de pescadores avezados (las agencias), y al éxito fulgurante de los caminitos al borde del mar por pasarelas y playas, habrá que sumar, en el totum revolutum del Camino de Santiago actual, la perversión del sentido invertido desde Fisterra.
A este paso lo que va a quedar del Camino de Santiago es una ruina, un decorado desprovisto de ritos, espiritualidad, reflexión, aprendizaje…, solo dispuesto para hacerse selfis ante los lugares del famoseo, y mandarlos ipso facto a la sacra parentela y la vacua cohorte de los likes; un páramo de superficialidad, ignorancia a raudales y estulticia que, a buen seguro, hará desertar a los verdaderos peregrinos, que buscarán caminos de iniciación y crecimiento personal en otros lares (nos tememos que esto ya está ocurriendo en silencio).
A veces, para nacer, hay que destruir un mundo, que decía Hermann Hesse. En esas estamos, en la fase de sustitución, falsificación y demolición, con barra libre para los de la dinamita y la pala excavadora. ¡Bendiciones para el libre mercadeo, los Bautistas que sigan comiendo sapos en el desierto, y ante todo buen provecho!
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