De Lizara a Somport (6h 30m)
25 de julio del 2010
La Plana Mestresa, desde la subida hacia el Puerto de Vernera
La Chorrota de Aspe desde la bajada del puerto de Estanés
Gave d'Aspe
El viento ha soplado fuerte toda la noche y cuando nos levantamos pasadas las siete, todavía sigue haciéndolo con bastante fuerza. Bajamos a desayunar, recogemos las cosas y son las ocho y media de la mañana cuando nos ponemos en marcha. Aparte del viento, hace bastante frío, y ni siquiera la primera pendiente al salir del refugio hace que entremos un poco en calor.
Retomamos el camino que el día anterior nos ha llevado hasta el refugio y enseguida vemos el desvío a nuestra derecha, señalizado con unos hitos de piedra. La senda se estrecha y se adentra en zonas de mayor vegetación, pero en todo momento el camino es claro. Pronto alcanzamos el pequeño refugio de Ordelca, con su curiosa forma, y observamos que aunque no lo parecía ya hemos ganado bastante altura; el refugio de Lizara (1.515m) empieza a quedar bastante abajo. Subimos un poco más y se abre ante nosotros una bonita subida hacia la Plana Mestresa, con el macizo de la Vernera a nuestra derecha. Además la senda está muy marcada por la ladera izquierda, dejando el torrente abajo y en continuo ascenso.
En unos veinte minutos, estamos arriba, una subida cómoda y agradable, si no fuera por las fuertes rachas de viento que nos vienen de frente y nos dejan las orejas congeladas. Apenas puedo oír a Dani, que camina unos metros por delante. Por lo menos, nuestros ojos pueden disfrutar de un increíble paisaje. Superada la tartera el camino sigue subiendo hasta la caseta de la Vernera, por una zona herbosa y algo más llana que la anterior subida. Allí, paramos un rato a beber algo de agua y confirmar el camino con el mapa. Sigue haciendo bastante frío, así que seguimos la ruta a buen ritmo, intentando entrar en calor.
Son las diez de la mañana cuando alcanzamos la Plana Mestresa (1.984m); sólo por el increíble paisaje que se presenta ante nosotros merece la pena la subida. Sin embargo, el tiempo no está para grandes paradas, por lo que decidimos continuar el camino. Tomamos un desvío a nuestra derecha, al inicio de la plana y cruzando el riachuelo. En esta zona nos encontramos diferentes grupos de gente y aquí ya cada uno va tomando su dirección. Seguimos bordeando el macizo de la Vernera, ahora por su cara norte y por una senda bastante marcada llegamos en una media hora hasta el Puerto de la Vernera (2.115m), lugar privilegiado para contemplar la segunda sorpresa agradable del día: el Valle de los Sarrios. Sencillamente indescriptible.
Lo cruzamos por su izquierda, aunque el mapa indica la derecha. Pero, al menos a simple vista se ve un camino más claro por ese lado; lo importante es no ir por el centro, ya que se encuentra inundado, aunque la hierba no nos deje verlo. Y según caminamos, no podemos dejar de darnos la vuelta y contemplarlo una y otra vez. Además el viento ha parado en esta zona, así que el paseo empieza a resultar más agradable aún. Eso sí, incontables vacas, pero sarrios, ni sombra de ellos. Llegamos al final, donde hay un pequeño lago, que debemos cruzar y descender por la derecha de su desagüe. La bajada tiene bastante pendiente y piedra suelta. Entre las nubes se aparece tímido frente a nosotros el Midi d'Ousseau. Y toda la bajada es un auténtico espectáculo, un perfecto mirador de los Pirineos.
Continuamos el camino hacia la izquierda, llaneamos un buen rato y después un suave descenso. Nos encontramos mucha gente por la zona, lo que nos hace suponer que el ibón de Estanés queda cerca, así que aguantamos un poco más para descansar y comer algo contemplando el lago. Cuando ya lo intuimos, nos saltamos los hitos que nos llevan hacia él (aunque no hasta él, porque no hay que bajar), así que por no darnos la vuelta, destrepamos un poco entre las rocas. Buscamos un buen balcón sobre el ibón y paramos para un más que merecido almuerzo, cuando son las doce del mediodía.
Repuestas las fuerzas, con una media hora de descanso, seguimos el camino que bordea el ibón por su derecha y al llegar casi hasta la orilla, tomamos un desvío, de nuevo hacia la derecha para alcanzar por un camino entre verdes campas, el puerto de Estanés (1.792m; desde poco antes del ibón, la senda transcurre por el GR-11). Desde aquí ya podemos ver los montes que rodean la zona de Candanchú. Como vamos bien de tiempo y de fuerzas, decidimos continuar hasta Somport y llegar allí para comer y poder descansar toda la tarde.
Mientras bajamos, un desvío nos indica el camino que oficialmente debemos seguir, hacia la Chorrota de Aspe. Hemos leído que hay que cruzar varios torrentes, sobre piedra resbaladiza, y la vista que tenemos de ella, tampoco es muy atrayente. Comprobamos en el mapa que podemos bajar hacia el bosque de Sansanet y desde allí subir por la izquierda hacia la cabaña Pacheu, enlazando con el camino de la siguiente etapa. A los dos nos parece una opción interesante, así que para allí vamos. La bajada hasta el bosque es bastante pronunciada y el sol ya empieza a calentar. Poco antes de adentrarnos en el bosque, encontramos la cabaña de Escuret, donde se encuentra bien señalizado, el desvío hacia Arlet. Continuamos la bajada hasta que llegamos a la gave d'Aspe (ya estamos en zona francesa), que cruzamos por un puente. De ahí al parking, un kilómetro de subida por carretera y alcanzamos la cabaña Pacheu. Seguimos un poco la carretera, y en la curva tomamos el desvío a la derecha, que por un camino poco marcado, nos dejará en el refugio de Somport (1.681m) pasadas las dos y media de la tarde.
Al llegar nos encontramos con los dos navarros que hemos conocido la noche anterior. Nos cuentan que el paso por la Chorrota de Aspe, es algo delicado y bastante incomodo, porque es un continuo sube y baja entre piedra bastante suelta. Así que nos alegramos de haber decidido tomar el "atajo" por Sansanet y subir rectos hacia Somport, evitándonos de paso, las vueltas por Candanchú.
Después de comer, la niebla cubre por completo el refugio, y se levanta un viento algo fuerte y bastante frío. Pasamos la tarde, comentando con el resto de compañeros la etapa y lo que nos espera al día siguiente. Llega al refugio un grupo de diez madrileños, que empiezan la travesía en nuestro mismo sentido; así que al final, nos hemos juntado unos cuantos. Hacia las ocho de la tarde, la cena está lista. Una agradable sobremesa y sobre las diez nos retiramos a las habitaciones (para cuatro personas, y con baño a compartir) que la Senda acaba de empezar y todavía quedan muchos kilómetros por delante.
Relato de Nuria Pozas (http://lasrutasdenu.blogspot.com)