El camino pasa por algunos cortijos y fincas particulares, pero en principio no hay posibilidades de abastecernos durante la etapa; así pues, debemos salir de Santa Cruz con las suficientes provisiones de agua y comida.
Como siempre, el sol nos caerá a plomo sin piedad durante toda la etapa, excepto en el caso de que la diosa fortuna nuble el cielo.
Andaremos por asfalto los primeros 5,5 km, y luego por caminos de tierra hasta 1 km antes de Córdoba.
En la primera mitad de la etapa siguen dominando los campos de olivares, que en la segunda mitad dan paso a extensos campos cerealistas.
Cuando desde un alto se nos abra a la vista la ciudad de Córdoba, emplazada de largo en el valle del Guadalquivir, todavía nos quedarán dos buenas horas de camino para alcanzar la ciudad.
La entrada a Córdoba (328.000 habitantes) es sorprendentemente limpia, sin urbanizaciones ni industrias, aunque no directa pues el camino da algún pesado rodeo por la delimitación de los campos de cereales.
Entramos a Córdoba por el barrio de Fray Albino, de casas bajas, y en 1.800 metros llegamos a la gran Mezquita-Catedral.
El albergue juvenil de Córdoba (Iturjoven de la Creatividad), junto a la Mezquita, es demasiado caro para los mayores de 26 años y no hacen descuento a los peregrinos. Cerca, a 300 metros de la Mezquita, hay el hostal Alcázar (tel. 957-20-25-61), que ofrece un buen trato y un buen precio a los peregrinos.
Los peregrinos que nunca antes hayan estado en Córdoba no deben dejar escapar la oportunidad de visitar esta bellísima ciudad, tanto su casco histórico como la gran Mezquita-Catedral.
Al loro: la entrada y visita a la Mezquita-Catedral es gratis antes de las 10 de la mañana, mientras que a partir de esa hora cuesta 8 euros.
Patio de la Mezquita-Catedral, Córdoba
De Santa Cruz a Córdoba. Salimos del apacible pueblo de Santa Cruz por la calle Camino del Jaco, que se prolonga por una carretera local (CO-3109) de muy escaso tráfico.
5,5 km. Abandonamos la carretera para tomar a la izquierda el camino de tierra conocido como Vereda de Granada. En este punto confluye la variante directa de Castro del Río. Por un terreno ondulado, ya de lleno en tierra cerealista, llegamos en bajada al gran cortijo de Torre Juan Gil Alto.
5,3 km. Cortijo de Torre Juan Gil Alto. Seguimos en la misma dirección, por camino de tierra y suaves pendientes. En lo alto de una meseta se nos abre a la vista la ciudad de Córdoba extendida en el valle del Guadalquivir, a los pies de Sierra Morena. El camino se hace largo y monótono, y en algún tramo parece que se desvíe del objetivo de llegar a Córdoba, para desesperación de los peregrinos exhaustos. Pero todo tiene un final, incluso la agonía, y la pista desemboca en una carretera local.
11,8 km. Carretera local CO-3204. La seguimos por la izquierda y por ella cruzamos la autopista A-4.
1,4 km. Entramos en Córdoba por la calle Acera del Río, en el barrio de Fray Albino. Seguimos la calle hasta el final, desembocamos en una avenida que tomamos a la izquierda hasta el puente romano sobre el río Guadalquivir. Lo cruzamos y pasamos por la Puerta del Puente Romano, llegando esplendorosamente a la magnífica Mezquita-Catedral.
1,8 km. Mezquita-Catedral de Córdoba.
Córdoba. Tercera ciudad andaluza en número de habitantes, con 328.000, y capital de la provincia homónima. La ciudad se encuentra emplazada en el valle del río Guadalquivir, al pie de Sierra Morena. Nació como una importante ciudad romana, época de la que se conservan obras (como el puente sobre el Guadalquivir), y en el siglo X fue la capital del Califato de Córdoba convirtiéndose en una de la ciudades más pobladas y de mayor poder económico-político del mundo. La mayoría de monumentos de Córdoba se encuentran en su casco antiguo, y la Mezquita-Catedral y el conjunto urbano que lo rodea fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El monumento más extraordinario de la ciudad, y de los más admirables del estado Español, es la Mezquita-Catedral de Córdoba, una gran construcción de planta rectangular que mezcla de forma sorprendente elementos visigodos anteriores a la mezquita, las partes arquitectónicas de estilo omeya musulmán, y las partes góticas, renacentistas y barrocas propias del cristianismo. La Mezquita-Catedral consta de dos partes: el patio, en la entrada, con la torre renacentista levantada sobre el alminar, y la gran sala interior, con las vistosas columnas y arcadas bicolores musulmanas, y la catedral cristiana en el centro. Una amalgama de cultos en convivencia pacífica. Por lo demás, en el extenso casco antiguo de Córdoba, además de la Mezquita-Catedral, encontramos bellísimos rincones, patios, callejuelas, pequeños museos, iglesias, mezquitas, sinagogas... un sinfín de alicientes para largos e inolvidables paseos. A los turistas no les pasará desapercibido que los dos hijos de Córdoba más admirados y queridos, y a los que se les dedican plazas, estatuas y museos, son el torero Manolete y el pintor Julio Romero de Torres.