Etapa fácil y con desniveles moderados. Avanzamos hoy por la Galicia más rural, entre prados y frondosos bosques de robles y castaños, cruzando numerosas parroquias.
Los caminantes que prefieran pernoctar en lugares pequeños pueden alargar la etapa hasta Gonzar, donde hay dos albergues. Los que así lo hagan, mañana pueden alcanzar Melide en una etapa razonable.
Hoy no hay problemas de avituallamiento; encontramos bares y restaurantes en muchas parroquias a lo largo de la etapa.
La ciudad medieval de Portomarín desapareció en 1963 bajo las aguas del embalse de Belesar. A la ciudad moderna se trasladaron las edificaciones de más alto valor histórico, como la robusta iglesia de San Nicolás.
De camino a Barbadelo
De Sarria a Barbadelo. Salimos por el puente medieval Ponte Aspera, sobre el río Pequeno, poco después cruzamos la vía del tren y pasamos bajo el viaducto de una autovía. Seguimos por un bonito camino en ascenso, entre robles y pinos, hasta Barbadelo.
Barbadelo. La iglesia de Santiago (siglo XII), que antiguamente formaba parte de un monasterio dependiente del monasterio de Samos, es un magnífico ejemplo del románico gallego. Destaca la iconografía del pórtico.
De Barbadelo a Ferreiros. Hasta Portomarín cruzaremos muchas pequeñas aldeas y caminaremos por una sucesión continua y variada de senderos, pistas, corredoiras y carreteras secundarias. Pasamos por Rente, Mercado da Serra, Peruscallo, Cortiñas, Lavandeira y A Brea, donde encontramos el mojón de piedra que señala que tan sólo quedan 100 kilómetros. Un kilómetro antes de Ferreiros pasamos por la parroquia de Morgade.
De Barbadelo a Ferreiros. Hasta Portomarín cruzaremos muchas pequeñas aldeas y caminaremos por una sucesión continua y variada de senderos, pistas, corredoiras y carreteras secundarias. Pasamos por Rente, Mercado da Serra, Peruscallo, Cortiñas, Lavandeira y A Brea, donde encontramos el mojón de piedra que señala que tan sólo quedan 100 kilómetros. Un kilómetro antes de Ferreiros pasamos por la parroquia de Morgade.
De Ferreiros a Portomarín. Salimos por la carretera y más adelante continuamos por senderos y pistas de tierra, con suaves desniveles. Pasamos por Mirallos, A Pena, Mercadoiro, A Parrocha y llegamos a Vilachá, desde donde ya vemos Portomarín, a orillas del río Miño. Cerca de Vilachá, y apartado de camino, se encuentran los restos del monasterio de Loio (se conserva la iglesia prerrománica), donde se fundó, en el siglo XII, la importante orden de Santiago con la noble finalidad de proteger los peregrinos. Merece la pena subir al centro de Portomarín para realizar una visita; de todas formas, una vez hemos cruzado el embalse de Belesar, quien quiera continuar el camino puede bordear la población siguiendo la carretera por la izquierda (dejando el pueblo a mano derecha) y cruzando uno de los afluentes del embalse por una pasarela peatonal (el segundo puente después de la gasolinera).
Portomarín. La antigua ciudad de Portomarín desapareció en 1963 anegada por las aguas del embalse de Belesar, víctima de la construcción de una central hidroeléctrica. A la ciudad moderna, construida a inicios de la década de los sesenta, se trasladaron, afortunadamente, las edificaciones de más alto interés histórico y cultural: la sólida y robusta iglesia de San Nicolás (siglo XII), construida por la orden de Malta; el pórtico románico (siglo XII) de la iglesia de San Pedro; y el Pazo de Berbetoros (siglo XVII).