En esta etapa cruzamos los Montes de León, barrera natural entre la Maragatería y la comarca de El Bierzo. Alcanzamos hoy la cota máxima de todo el Camino Francés: 1.515 metros de altitud.
Muchas guías alargan la etapa hasta Ponferrada. Molinaseca es un pueblo bonito y acogedor; y Ponferrada una ciudad interesante.
Mucho ojo con esta etapa en invierno, sobre todo en caso de niebla. Además, suele acumularse mucha nieva y las ventiscas son frecuentes.
La etapa se divide en tres partes: La primera, una subida firme hasta la Cruz de Ferro; la segunda, un falso llaneo, con desniveles moderados, a lo largo de unos 6 kilómetros; y, la tercera, una rotunda bajada hasta Molinaseca, con pendiente severa en la llegada a El Acebo.
La Cruz de Ferro (1.507 metros de altitud) es el hito con mayor carga simbólica de toda la ruta jacobea. La tradición ancestral de peregrinos y viajeros de depositar una pequeña piedra en la base de la cruz, para así obtener la protección divina en el peligroso viaje al sepulcro del apóstol, sigue vigente hoy en día. Muchos peregrinos llevan una pequeña piedra de su lugar de origen.
Manjarín, aldea abandonada desde hace décadas, también es un lugar muy especial para los peregrinos; aquí levantó Tomás, en 1993, su humilde refugio templario, a 1.458 metros de altitud. Siempre está abierto, incluso en pleno invierno. Además de saludar a Tomás, podemos descansar y tomar un café o un refresco.
Hoy la estrella gastronómica es el Botillo del Bierzo. Entre otros lugares, en la Taberna de El Acebo lo ofrecen como menú.
Actualmente todos los pueblos de esta etapa cuentan con servicios de restauración, especialmente orientados a los peregrinos.
Los dos albergues de Molinaseca se encuentran a casi un kilómetro pasado del pueblo, junto a la carretera, a pie de camino.
De camino a El Acebo
De Rabanal del Camino a Foncebadón. En invierno, a partir de Rabanal, es frecuente la presencia de nieve y de unas condiciones climáticas rigurosas: frío intenso, niebla espesa, etc. Salimos del pueblo subiendo por la calle Real y, en ascensión constante, avanzamos por pistas y senderos siempre cerca de la carretera, que cruzamos varias veces. Foncebadón, visto de lejos, parece más una subestación eléctrica que un pueblo...
Foncebadón. La localidad se encontraba abandonada hasta hace pocos años, cuando renació por el impulso económico del Camino de Santiago. Sus orígenes se remontan a un hospital de peregrinos fundado por el ermitaño Gaucelmo en el siglo XII.
De Foncebadón a la Cruz de Ferro. Atravesamos la aldea por la que, intuimos, debió ser su calle principal, donde ahora están los tres albergues. A la salida dejamos a mano izquierda las ruinas de un santuario y seguimos la pista que se escora a la izquierda por la ladera de una sierra. Vamos ganando altitud hasta desembocar en la carretera, que seguimos por la izquierda.
Cruz de Ferro. Es el hito con mayor carga simbólica del Camino de Santiago. Monumento ancestral de absoluta simplicidad: una cruz de hierro clavada sobre un tronco, a su vez soportado en su base por infinidad de pequeñas piedras. Según la tradición, cada peregrino debe depositar una para recibir la protección divina en el difícil camino hacia el sepulcro del apóstol. Se cree que el ermitaño Gaucelmo, protector de los peregrinos en estos duros parajes allá por el siglo XII, colocó una cruz sobre un antiguo monumento romano de devoción a Mercurio, dios de los caminos.
De la Cruz de Ferro a Manjarín. Avanzamos por un sendero a la derecha de la carretera.
Manjarín. Pueblo abandonado y casi desaparecido, pero hoy en día conocido entre los peregrinos por el peculiar refugio regentado por Tomás y algunos de sus seguidores, autoproclamados los últimos templarios. El refugio es estratégico y el entorno excepcional.
De Manjarín a El Acebo. La primera media hora avanzamos en ligera ascensión hasta la cota máxima de todo el Camino, a 1.515 metros de altitud. Luego iniciamos una bajada de vértigo, a través de pistas y senderos que hacen atajo de la carretera.
El Acebo. Bonito pueblo alargado en la dirección del camino. Es el primero de la comarca del Bierzo.
De El Acebo a Riego de Ambrós. Seguimos en bajada la carretera hasta desviarnos por un camino a la izquierda.
De Riego de Ambrós a Molinaseca. Avanzamos en fuerte bajada y salimos otra vez a la misma carretera, que seguimos un centenar de metros hasta desviarnos por una senda a mano derecha.
Molinaseca. El escritor e hispanista irlandés Walter Starkie (1894 - 1976) se refirió a Molinaseca como "un pueblo encantador, un pequeño oasis en un viaje temible". A la entrada vemos el santuario de la Virgen de las Angustias (siglo XVIII). El medieval Puente de los Peregrinos, restaurado recientemente, nos permite salvar el río Meruelo y nos deja al inicio de la Calle Real. Dicha calle, con sus nobles casas blasonadas, es la principal arteria de esta turística y agradable población.